Improvisación en la cocina

2012-01-06

Para los aprendices de cocina la improvisación es una práctica enigmática no exenta de misterio. En cambio, los cocineros más avezados dominan una serie de trucos que les hacen parecer auténticos profesionales. La improvisación es, pues, una técnica que los buenos cocineros practican con soltura y que les permite aplicar una serie de procedimientos básicos para transformar los ingredientes más sencillos en suculentos platos.

Publicado: 16 de septiembre de 2010

Una simple vinagreta, por ejemplo, no es más que una parte de vinagre por tres de aceite bien mezcladas, a las que se añaden hierbas aromáticas y especias. Otros ingredientes básicos que combinan a la perfección con una ensalada verde son la chalota picada, el perejil, el aceite de oliva y la mostaza de Dijon.

Bien mezclados, estos ingredientes también sirven para adobar carnes y pescados. Por ejemplo, puedes adobar unos muslos o pechugas de pollo durante varias horas y luego asarlos a 220 ºC hasta que estén bien cocidos. Acompáñalos de unas patatas ligeramente hervidas cortadas a trozos, aliñadas con la vinagreta y asadas a la misma temperatura hasta que se doren. Esta vinagreta también te sirve para aliñar unos espárragos o judías verdes, que luego puedes cocer en el horno durante 20 minutos.

Experimenta con los ingredientes principales de la vinagreta y obtendrás nuevos y sugerentes sabores. Con el vinagre balsámico puedes preparar unos filetes de pescado al vapor o a la plancha glaseados. Cuando prepares ensalada de col, prueba a añadir una cucharada sopera de azúcar y mézclalo bien con el repollo y las zanahorias ralladas. Explora tu creatividad en la cocina y seguro que aciertas.

Las recetas de pasta también se pueden improvisar siguiendo los mismos principios. Te sorprenderá lo que puedes conseguir con unos pocos ingredientes básicos, como aceite de oliva, limón y un trozo de queso para rallar, tipo parmesano.

A la hora de hervir la pasta, el truco está en la cantidad de agua. Si vas a preparar medio kilo de pasta, hiérvela en cinco litros de agua con sal y una o dos cucharadas soperas de aceite de oliva. Poco antes de que la pasta esté al dente, reserva una tacita del agua de la cocción. Escurre la pasta, viértela de nuevo en el recipiente, añádele un poco de zumo de limón exprimido y espolvoréala con el parmesano rallado.

Mezcla la pasta con cuidado y ve añadiendo el agua de la cocción poco a poco. El queso se irá fundiendo en contacto con la pasta y el agua para formar una salsa jugosa. Una vez que tenga la consistencia deseada (añade más agua para que quede más clara o menos para espesarla), sazónalo con sal y pimienta al gusto.

Si quieres obtener un plato muy mediterráneo y consistente, añádele un bote de judías blancas bien escurridas y una lata de atún en aceite de oliva (también escurrido). Si te gusta el picante, añádele un poco de cayena y, sin siquiera sospecharlo, te habrás convertido en un auténtico chef siciliano.